Manifiesto Pereza

Tercera parte de una serie “Obra Performática en Ocho Partes”, a realizarse en diversos espacios teatrales convencionales y no-convencionales.

 

Volver sobre uno mismo, retrotraerse hasta la mínima expresión de vida, volverse el reflejo de uno mismo.

Perder el deseo de toda búsqueda, que nos despojen las fueras. Que el cuerpo se orine y evapore sus tensiones, cortar todo núcleo y volverse blanco, perdido y olvidado.

Dejar de ser hasta que el tiempo ocupe nuestro lugar, dejar que pase el tiempo, que se arrastre sobre sí mismo volviéndose el ayer los meses que hoy transcurren. El tiempo olvidándose de sí mismo y desaparecer.

Nos queda la sospecha de que el animal todavía vive detrás del tiempo que se anula, fuera del tiempo no hay necesidad de recuerdos.

Recostarse plácidamente porque no hay salida, los nervios están demasiado laxos como para desear que exista la salida.

Ser sombra, no ser, que el viento sea la identidad estancada, no queda nada de mí y nada de nadie, solo las palabras que nadie sabe cuánto pueden durar en el viento.

¿Se escucha el llanto? Perderlo todo

 

Ser despojado y solo respirar

Ser ultrajado y solo respirar

Ser aniquilado y dejar de respirar

 

Dejar al viento en el éter y que solo se quede algo de mi consciencia

¿Quién vive, quién respira, quién hace?

QUIÉN DECIDE

 

Replegarse, abandonarse, permitir convertirnos en un flácido ser, humano para descartar, animal sin instinto, perdido, disminuido, paralizado.

Hay viento que mueve mis palabras, solo el denso cuerpo muerto y una tenue cuerda vocal apenas vibrando

Tomado, apartado, eterizado, defenestrado.

La columna vertebral se vuelve viscosa, se deforma, se derrite, se apaga, se vuela, se consuma, se finaliza.

Ver a los ojos sin ver, escuchar atentamente cómo secuestran mis movimientos, cómo se adueñan de todo. De éste discurso que nace de mi identidad socavada.

Hediondo, perdido, con todos los esfínteres disueltos en la dignidad. Se pudre mi cuerpo, se duerme mi sexo, se acalambra de desuso la voluntad, se entumece y cae como polvo que continúa ensuciándonos. Y que no importe, porque abrazamos bultos que dicen conocernos, abandonar toda responsabilidad, ni siquiera nos queda la obligación de recordar, no debo acordar, no puedo acordarme

 

La pereza cuando comienza no va a detenerse, vamos a ayudarla a que los englobe, aplaste. Los vacía de todo lo que puede quedar de ellos, del ser, de todos los seres.

 

Ya no puede, ya no es, y ya no debe ser,

En un ser errad, encerrado, pudriéndose en su propia degeneración, acurrucado hasta olvidar.

Olvidarlo todo Olvidarse de sí mismo Olvidarse de su vida, de lo que hace, de respirar.

Cuerpos, mentes, espíritus, entregándose al olvido colectivo, solo existen en lo perdido de aquellos que aún conservan su tiempo

 

Julio 2012
Borda – El Emergente

Fotos y Figurines